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viernes, 11 de febrero de 2011

Animales en cautiverio 3 (mi Krisis viene en cometa)





Animales  en cautiverio III (mi Krisis viene en cometa)

 - “Tengo todo para darte”-  dijo el diablo  algo endurecido, tratando de canturrear aquella canción de Del Pueblo y del Barrio, mientras engatusaba a nuestro (hasta ahora) inquebrantable ludópata haciendo chasquear los naipes mientras los barajaba. Luces de colores y el sonido de las monedas en las maquinitas completarían el abanico de tentaciones para nuestro adicto.
- Le voy al diablo. 10 a 1 – pensé desconsolado y me alejé de simbolismos, del jugador y del cachudo para unirme a la cola de los pelados que, torpes de sueño y pastilla, buscaban su lugar en el comedor.  
 - Antes vamos a agradecer por nuestros alimentos – indicó el hermano Juan. De pronto se  formó  una ronda y uno de ellos inicio una oración conocida: - “Padre nuestro, que estas en los cielos…” Y yo que trataba hace un rato de dejarme de simbolismos con el Satán ése y ahora que me traen a su compadre. Bueno, traté de no romper la unidad de aquel círculo, y agaché la mirada repasando aún como iría a salir airoso de este desacierto. Y, no es que me  incomoden las personas que rezan antes de comer, pues es una manera valida de agradecer por los alimentos a la entidad creadora que tengan en mente y corazón, sólo que eso puedo hacerlo en casa de mis tías y mi derrotero en este centro de rehabilitación era obviamente el desintoxicarme. De todo. De T-O-D-O. 
  Después de un desayuno de quaker, panes con mermelada y algún noticiero matutino – que cambiaban a otro cada vez que soltaban las infaltables notas sobre lo último en lencería ¿? – creí que estaba listo para mi actuación. Para redondear el choque y fuga. Tenía que convencer a los operadores  - totalmente desmejorado -  de que la celeridad con la que ocurrió todo esto, dejo pendiente varios exámenes médicos y resultados que solo podían entregarme a mí, y  que debían de comunicarme con mi esposa para que ella haga efectivo el trámite con los códigos que le daría. Obviamente el código era uno: “¡¡¡Auxilio .Sácame de aquí, por favor!!!”.
  Pero en pleno éxtasis previo a mi representación me regresaron a mi sitio sin haber dicho nada pues teníamos que desarrollar algo así como una dinámica de grupo.
  -Yo les daré la espalda y contaré aplaudiendo mientras ustedes se pasan esta mota. Cuando deje de aplaudir, el que se quede con la mota, pierde. – Dijo el Chino con una voz recontra stone.
 -¡¡¡Y…que corra la motita!!!...- Clap, clap, clap,  y esto se veía divertido, parecían una especie de boy-scouts malditos y además con Parkinson. El primero en quedarse con la mota (en México creo que le llaman “mota” a la droga, bueno aquí era un borrador de pizarra, nada mas) fue el viejo, el de la nariz roja. El viejo seco y sin reflejos no alcanzo a pasar el objeto al siguiente de la ronda. El rectángulo sigue pasando de mano en mano y culmina su paseo ahora  en manos de un mocoso pinta de malcriado .Y para finalizar este narrador también pierde en este juego, completándose así el trío para el castigo.
  Y el castigo era más pueril aun. Felizmente .Casi, casi me sentí adolescente. Felizmente y no fue la “botella borracha”. Porque la sanción era contar un chiste, bailar, cantar, que se yo, algunas de esas cosas de las que se puedan burlar nuestros colegas ansiosos de volver a retomar su socarrona bestialidad humana. Y sentirse vivos.
  Así que nos ponen en fila y tenemos al palomilla de ventana intentando hacer alguna gracia que calme a los monos que se habían despabilado con el permiso del hermano Juan que esperaba también con la sonrisa dibujada.
  -Ya hermanosshh – dijo; casi achicharrando las eses.- Como acabamos de desshayunar, recuerdo que mi viejita le desshía por las mañanas a mi viejo: “Mi amor ¿cómo quieres tus huevos? .Y mi viejo peshh, que la conoce, le conteshtaba  “Con toda mi alma vieja, con toda mi alma”.
   Y pude ver por fin a mis camaradas joder, chonguear, y sin cartulinas de colores en el pecho que nos diferencien.
  Y remata el paloma ­­– Escucha peee, y cuando shaliaa mi hermano, que eshh medio británico, o sea se le chorrea el D’Onofrio, mi viejita le preguntaba: “Hijito como quieres los huevos”. “Bien pegaditos al poto mamiii” le respondía el cabrito.
   -Jahaaaaaaaaaa, aghjjjjjjjhajhajha…  ese serías tu oeee – lo vacila Bandini al muchacho.
  -Eshh un chiste no mas oeee, imbeesshiiillll- remarca el coleguita mientras se sienta al lado del Chiclayano que duro como una piedra ,no se ríe , no atiende , solo menea la cabeza como un porfiado y se frota los brazos frenéticamente -como ahuyentando bichos- que sumadas estas muecas , a su expresión maligna y su tamaño descomunal lo hacían ver sumamente peligroso.
  Le toca el turno al viejo ante la joda sistemática de la muchachada, que lo pone más nervioso aún .Pobre.  ¿Se estaría maldiciendo acaso por haber sido tan lento con la mota? Sus labios secos temblaban.
  - Ya pee anciano… ¡No seas lagrima!! ….baila pee viejo,  perrea, perrea, lo que sea -  abucheaba la salvajada como en circo romano. Y antes de que le suelten los leones o antes de que se suelten sus demonios en forma de lloriqueo rabioso despegó, decidido pero inseguro, sus labios y se escucho algo .Algo muy antiguo. Bueno, para nosotros.
  - “Rio, Rio Verde……..Rio, Rio Verde….” – prácticamente graznaba el hombre esa canción de la nueva ola, con la voz cascada de años y años de alcohol .Seguramente esa melodía lo acompaño en su metamorfosis de cuerdo galán universitario a  desencajado dipsómano. Y seguro es lo último que recuerda bien.
  Mientras corre la pifia, espero mi turno bajo la mirada ceñuda y fija del Chiclayano que hasta ahora solo se ha limitado a su balanceo autista. Pienso que tendré problemas con el tipo.  No le caigo bien .Estoy tragando saliva y el viejo regresa a su asiento arrastrando las chancletas, avergonzado, fastidiado, dejando en el lugar un halo rancio. Una aureola de bilis.
   El Chiclayano me sigue escudriñando y deja en paz uno de sus brazos para señalarme con el dedo.- Uyyy mamita, la canción- creí. Y cuando pienso que va a pasar su índice por el cuello simulando el cuchillo con el que me iría a  degollar, este transforma su rostro de endemoniado paranoico en el de psicótico querubín y con gestos me enseña una guitarra al fondo del salón, simula tocarla y me vuelve a señalar insistente.
  Es que ellos habían visto en el mismo salón el programa del día domingo,(todos estuvieron atentos porque se mostraron las instalaciones del centro en el reportaje y querían asegurarse de no haber sido ponchados por la cámara )  ya sabían que era el rockero e imaginaban que tocar la guitarra sería el único castigo que podría realizar .
   Y, si pues. Que me pasen la guitarra. A ésta la conozco.
   Sin embargo, recordé que mi repertorio estaba lleno de mis propias canciones, o sea nada que pasen por la radio .Y me nublé .Me nublé y me perdí en la mirada del viejo alcohólico perdida en el piso como buscando las rendijas del parquet para escapar  hacía otro mundo. Entonces, así mirándolo, llegó a mi cabeza aquel himno a la libertad del Moris ese, si, del argentino rocanrolero que cantaba de zapatos azules, pero  también sobre osos fugitivos de circos. Y pensando en el viejo, que parecía no escucharme, me castigué con “El Oso”.
 Yo vivía en el bosque muy contento/caminaba, caminaba sin cesar/ las mañanas y las tardes eran mías…/   y mis pares de adicción bajaron más sus pocas revoluciones para escuchar .Y ,si pues ,la música doma fieras y algunos empezaron a palmotear para seguirme , el que estaba al lado del viejo no sé porque, pero como imaginando el tema , le puso la mano en el hombro .Yo me perdí ahora en la canción y cuando llegué a la parte de … “Ahora piso de nuevo el verde de mi bosque /otra vez el verde de la libertad/estoy viejo pero las tardes son mías /Vuelvo al bosque /Estoy contento de verdaaaad”…/ me fijo en el  veterano que me miraba atento con sus ojos ahora húmedos y palpitantes. Termina la canción .El viejo regresa la mirada al piso. Veo una gotita de agua en el parquet.
   -Ta’ viejo eres una lagrima…- dijo alguien.
    Terminó la dinámica y los castigos y yo regresé a mi afán de convencer a los operadores de que tenían que comunicarme con mi esposa. –En un rato llega el dueño del centro, aquí nadie puede hacer llamadas ¿no ves que ni siquiera nosotros tenemos celular? Pero ya llega Herman, el dueño- me dijo uno de ellos después de haberme hecho las preguntas de rigor de todas las mañanas para los internos:- ¿sueños familiares?- No-  ¿sueños de consumo? -No-. Claro lo único que soñé toda la noche era como largarme de allí. Me indicó a continuación que debía de afeitarme, y con sus dedos me explicó desde donde. – Te vuelas esas patillas –dijo- Como todos los demás ¿Entiendes?
  Y me salió el Gordo Casaretto que todos llevamos dentro – Eh, ehh, mo, mo, momentito. Disculpa pero esperaré a Herman – Y me paré confiado de lo que sucedería y salí del recinto sin pedir permiso ahora .Con la confianza y la seguridad de que esto no iba mas .Me dirigí a una de las mesas del jardín cuidando mis espaldas de algún ataque de inyectables con somnífero . Totalmente paranoico.
  -Yo contaba los minutos para que llegue el dueño y director del centro ante la mirada extrañada de los demás. Primero llego un muchachito, ex interno, y escuche sus historias de escurridizo escapista de la droga allá afuera. Le contó a Juan- el operador que no me despegaba el ojo- que en su nuevo trabajo se enamoró de una chica que alguna vez hizo una broma con la cañita con la que sorbía su jugo en la oficina ,haciendo el ademán de colocárselo en la nariz y que esto fue fatal para el .
  -Con esa flaca ya ni hablo hermano – explico compungido el colorado.
  Y yo pensé… ¿te pueden volver tan débiles? Yo no pensaba salir así. Si las drogas son el pan de cada día en nuestra ciudad ¿yo no debería acaso poder reírme de ellas para que  no me afecten? O sea el muchacho cuando vaya a cobrar un cheque al banco ¿saldría espantado al ver en la puerta de éste la palabra “Jale”? Ni podría ver la mayoría de series o películas actuales en las que la droga está presente. Porque esto es real .No. Yo no quería debilitarme, al contrario. Quería poder pararla de pechito y patearla bien lejos cuando me la pongan .Ni más ni menos.
   Y llegó Herman .Era el mismo que me atendió cuando llegué con la gente del canal.                   Inmediatamente me acerqué a él, me saludó con una actitud de Mesías, y con un gesto indicó que espere un momento. Atendería primero a unos estudiantes que, imagino, habrían ido a realizar prácticas de psicología viendo como se desenvuelven los monos en situación de aislamiento.
  -Cuéntame  Luis ¿todo bien?- me dijo, después de despedir a los universitarios, y se sentó frente a mí. Sus ojos veían mi fastidio y olía mi temor. No sería, creo, el primer caso para él.
  -Bueno Herman, me parece que en todo esto hubo una equivocación- dije lo más tranquilo posible para no denotar desesperación. –No quiero decir que el sistema que empleas en tu centro no  funcione con algunos, pero  yo no considero que sea el indicado para mí. Ni siquiera estoy de acuerdo con el.  Es más, convine con la producción del programa el tipo de clínica que requería. -  No quise dar más detalles. Solo quería un teléfono.
  -Necesito comunicarme con mi esposa, sé que no podría venir hasta después de 30 días, pero sé que ella me entenderá.
  - No te preocupes Luis, ella llamará- dijo Herman con voz calmada, casi de profeta. Y yo me preguntaba ¿A qué número iría a llamar si no los tenía y además le dijeron que debía de esperar un mes hasta la primera visita? Y habíamos firmado eso. Y el director me hablaba de cualquier otra cosa como intentando alejar la fijación en mi cabeza. Me hablaba del ex interno que vino a visitar a sus amigos y yo pensaba que no querría andar con un rosario en el cuello y gritando, cada vez que mencionaban cloro- coca -queso-keta-pay: “No escucho .Soy de palo, tengo orejas de pescado” No, pues, ni hablar .Herman me decía que yo era libre para no rezar, cuando los demás lo hacían, y  no pues, yo tampoco quería ser ningún Belcebú allí. En pocas palabras trataba de convencerme y yo ahora era el que lo tranquilizaba diciéndole que no se preocupe que yo ya tomé una decisión y le haré la mejor propaganda, con  sólo una permanencia record de reclusión de dos días.
  -Necesito tu teléfono – le dije nuevamente después de casi una hora de paseo.  – Ella te va a llamar -  repitió, rompiendo así lo que me quedaba de calma.
  -¡¡Me das inmediatamente tu teléfono carajo !!! -Vociferé asustándome de mi -¡¡Me paseas hace buen rato con eso, y si lo que buscan es dormirme, cuando despierte hare tal chongo que lo tendrán que hacer de nuevo y  no me importará permanecer todo un mes dormido!!! ¡¡Maldita sea no me puedes tener en contra de mi voluntad no me interesan tus jodidos papeles firmados!!! ¡¡Dame tu teléfono!! –  reclamé, dejando atrás el papel de ganso que había venido realizando.
  - El celular salió de su bolsillo y lo deslizó por la mesa hasta mis manos. Marqué nerviosamente el número de Cristina en una posición casi de karateka, vigilando todos mis flancos. Después de varias timbradas contestó.
  - Hola mi Krisis (la llamo así desde que la conozco. Ahora no sé si es solo la abreviación de su nombre o una manera de recordar que en los momentos más difíciles de estos últimos 11 años ella siempre estuvo allí; ayudándome a salir de mis peores crisis). – Mi amor – respondió ella- no te preocupes estoy llegando, estoy por la Carretera Central, presentía que no querías estar  en ese lugar.
   En ese momento supe que la telepatía existe. No dijimos más.
                                                                                 _
   Vuelvo al bosque .Bueno al asfalto, y aunque suene paradójico o a poética lorna, afuera, en aquella calle de algún rincón bucólico de Chosica, el canto de los pájaros suena con una energía distinta. Es verdad. Suena a libertad. Y es que,- creo que me entienden - mi celda no fue precisamente esta última que duró 48 horas .Yo ya estuve viviendo en una cárcel en donde me estuvieron trasladando año tras año a una celda cada vez más estrecha, y más estrecha hasta que esas paredes terminaron aplastándome . Y desintegrándome. Para volver a rehacerme. Por mí, por ella, por ustedes. Por mí .
  Y al llegar a la carretera Central esperando algún taxi,  parados en un grifo del lugar, Krisis me dice sonriendo: -¿Siempre nos metemos en problemas no? -  Nos reímos un buen rato, mi Krisis señaló hacia arriba y ahora dijo: - No te preocupes, mira. - Y un halcón, de esos pequeños que buscan sus presas por el lugar, sobrevolaba nuestras cabezas. Es verdad.
   Es mi verdad.
                                                            
                                        

                       


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